El fútbol es, estadísticamente, uno de los deportes de mayor popularidad, impacto e influencia a nivel mundial, no tan solo del punto de vista deportivo, sino que también desde una visión social. Actualmente, la FIFA reconoce a 211 países afiliados a su asociación, lo que permite dar cuenta de su globalidad, motivada por causas o factores que no podríamos abordar sin extendernos, pero sí podríamos tratar de levantar propuestas al respecto.

A opinión personal, uno de los factores más atractivos del fútbol, del que probablemente hayamos conversado en nuestro círculo cercano u oído en alguna entrevista o charla formal, es su carácter de imprevisibilidad. Muchas veces nos hemos dispuesto a presenciar un encuentro, en el cual se enfrentan dos equipos que, estadísticamente, llegan en diferente escenario deportivo actual, ante el cual prevemos un resultado final o nos anticiparnos a un ganador probable.

No obstante, en su desarrollo el juego comienza a equilibrarse en una dinámica de lo impensado, en el cual perfectamente el equipo que menos opciones tenía, termina siendo vencedor. Entonces, esta suerte de aleatoriedad, nos transmite interés y nos hace dar cuenta de que en la cancha todo puede pasar y, que por más que la estadística nos entregue una información de base, este deporte da lugar para cualquier tipo de resultado.

Si revisamos hacia atrás, encontraremos diferentes encuentros que, de alguna u otra forma, nos han marcado, llenos de heroísmo, de rebeldía frente a las probabilidades, de grandes remontadas, y de triunfos ante escenarios derrotistas. ¿Cuál es la base de esta imprevisibilidad?

Como respuesta a priori y desde lo conceptual, podemos entender que el fútbol es un deporte colectivo de colaboración y de oposición, de manipulación de un implemento (el balón) y principalmente de habilidades abiertas, en el cual toda acción es diferente una de otra, producto de la influencia de los factores internos (del jugador-equipo), externos (del rival-entorno) y de cómo ambos conjuntos se enfrentan dentro de un sistema que los relaciona, en un contexto que varía permanentemente durante los 90 (y tantos) minutos.

Por consiguiente, cada equipo puede preparar el encuentro correspondiente durante la semana, analizar información del rival de turno, prever posibles situaciones que va a enfrentar, pero no será hasta el encuentro mismo en el terreno de juego, donde se pondrá a prueba la capacidad que cada uno tiene de adaptarse a este entorno variable. De esta manera la “cancha” nos iguala, nos ofrece un espacio donde sólo el que es capaz de marcar más goles que el adversario, tendrá la última palabra.

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Pablo Cárdenas

2 Comments

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