El ex capitán de la selección chilena de handball, Marco Oneto, ha puesto punto final a su exitosa carrera profesional. En su palmarés, una veintena de copas y medallas. En su espalda, el liderazgo de la generación más importante de la historia del balonmano nacional.

Marco Antonio Oneto Zúñiga nació en Viña del Mar el 03 de junio de 1982. Apodado el «Gigante Maravilla», su historia de vida no conoce de éxitos inmediatos. Según contó Oneto, en entrevista con AS Chile, su infancia tuvo varias complejidades: «Salí de un lugar donde bajaba de un cerro para subir a otro cerro, entrenábamos en una aldea SOS, y teníamos que barrer la cancha para poder entrenar”.

Resiliencia absoluta en un camino que debió asumir dentro de una disciplina deportiva que, al igual que muchas, no tiene un financiamiento acorde a lo profesional. En ese sentido, Oneto debió abandonar el país en búsqueda de sus sueños. A principios de la pasada década armó su maleta y partió rumbo a España para sumarse a la cantera del Barcelona Borges. Aunque todo inicio no asegura éxito inmediato. “Desde llegar en el 2000 a un lugar donde robaba comida y robaba para vestirme porque no tenía plata, pasé a ser campeón de la Champions. No me puedo quejar, pero me costó la vida», dijo a AS Chile.

En el país ibérico, comenzó su exitoso periplo europeo. Luego de dos años en divisiones inferiores en Barcelona, saltó en 2001 al Costa Blanca de Alicante. Después, en 2002, fichó por el Cangas de Galicia. Se trató de una adaptación europea que continuó en varios equipos del Viejo Continente, mientras los sacrificios familiares se hicieron evidentes con el pasar de los años.

«Me costó no conocer a mi familia. Me fui cuando mi hermana pequeña tenía 13 años, y ahora tiene 30 años. Durante 11 años no bajé en navidad. El precio fue alto. Ya me hubiera gustado que alguien me hubiera echado una mano para que todo fuera más fácil». (Oneto en charla con AS en 2019).

El cambio de década, eso sí, trajo consigo los éxitos personales para Oneto. La consagración comenzó en 2009, con su vuelta a Barcelona. Con el club catalán consiguió 12 títulos en tres años, entre ellos una Champions League.

«Cuando llevaba un año y medio en mi segunda etapa en el Barcelona, me dieron bola porque el niño Alexis fichó ahí. Con todo el respeto a su grandísima trayectoria, yo tenía nombre propio. Pero somos así», añadió Oneto en el medio citado.

Créditos: Barcelona Borges

Luego de su exitoso periplo por Catalunya, en 2012 fichó por el Veszprém KC, reciente campeón de la poderosísima liga húngara. Exitosos procesos que continuaron en países como Alemania, Polonia, Portugal e Italia. Luego de innumerables trofeos personales y grupales, el máximo exponente nacional del balonmano dijo adiós a su carrera en clubes en 2018.

En paralelo, una generación chilena despertaba interés de un colectivo nacional «futbolizado», que entregó esperanza a una disciplina para muchos «desconocida».  Oneto, lider innato, recordó en AS el origen del exitoso grupo de jugadores, «Ésta generación partió el 2003, en los Juegos Panamericanos de Santo Domingo. El grupo comenzó ahí. Esa vez salimos quintos, y Argentina o Brasil nos ganaban de 20 o 25″.

Sin previas participaciones, desde 2011, cuando disputa por primera vez el Campeonato Mundial en Suecia, la Selección de Balonmano  ha participado de seis Campeonatos Mundiales. Y sin relevancia histórica en el continente, se acostumbró a ocupar podios en torneos Sudamericanos, Panamericanos y Odesur.

Créditos: Mauricio Palma

La dolorosa eliminación en el Preolímpico de Tokio en 2021, por cierto, no opaca en lo absoluto el conjunto de triunfos y logros de la generación dorada del balonmano nacional.

Con 38 años de edad, es el «último baile» de Oneto Zúñiga. ¿El legado? Continuará…

Imagen destacada: La Tercera

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Francisco Sánchez

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